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Vagar en lo opaco

(British Musem, 2011)

mis pupilas negras sin ineluctables chispitas
mis pupilas grandes polen lleno de abejas
mis pupilas redondas disco rayado
mis pupilas graves sin quiebro absoluto
mis pupilas rectas sin gesto innato
mis pupilas llenas pozo bien oliente
mis pupilas coloreadas agua definida
mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido
mis pupilas salientes callejón preciso
mis pupilas terrestres remedios cielinos
mis pupilas oscuras piedras caídas


Alejandra Pizarnik (La tierra más ajena, 1955)

Dostoievski y el subsuelo

(Mataró, 2013)
«Pero basta que trascurra un minuto para que me enfurezca al advertir que todo eso es mentira, una mentira innoble, una comedia infame. ¡Esa contrición ese enternecimiento, esos propósitos de vida nueva!...»

«Obsérvense a sí mismos con atención, y comprobarán que las cosas ocurren precisamente así.»

«Uno, en el fondo, no cree en su sufrimiento, casi se ríe, pero, a pesar de todo, sufre y muy de veras.»

«Ahora lo repito, lo repito una vez más: todos los hombres activos, son activos porque son obtusos y mediocres.»

«¡Ah, si tratase uno de abandonarse a sus sentimientos, ciegamente, sin reflexión alguna sin buscar ninguna razón, alejando de sí toda conciencia, anquen no fuera más que por algún tiempo!...»

«¡Maldice o adora, pero no estés con los brazos cruzados!»

«Precisamente sus sueños más fantásticos y sus más vulgares tonterías es lo que pretenderá conservar, sólo para demostrarse a sí mismo (como si esto fuera necesario) que los hombres son hombres y no teclas de piano, aunque en verdad lo son para las leyes de la naturaleza, que las tocan, y con tal brío, que pronto no será posible desear nada sin antes consultar el calendario.»

«Si me dicen ustedes que el caos, las tinieblas y las maldiciones pueden estar también calculados de antema y tan exactamente que este cálculo paralizará el impulso del hombre, y, por tanto, la razón triunfará una vez más; si me dicen esto, les contestaré que el hombre no tendrá ya más que un medio para hacer su voluntad: volverse loco.»

«Destruyan mis deseos, derriben mi ideal, preséntenme una meta mejor, y yo los seguiré. Me dirán ustedes, tal vez, que n vale la pena preocuparse por mí; pero piensen que yo puedo responderles lo mismo: Estamos discutiendo seriamente, pero les advierto que si ustedes no se dignan concederme su atención, no me acharé a llorar. Tengo mi subsuelo.»

«La suprema finalidad, señores, es no hacer nada en absoluto. La inercia contemplativa es preferible a todo. ¡Por tanto, viva el subsuelo!»

«Cuando se ama, incluso se puede prescindir de la felicidad. La vida es bella aún cuando se sufre.»

«Pero siempre sucede, Lisa, que el hombre sólo se fija en su sufrimiento: no se detiene a pensar en su felicidad. Si pensara en su felicidad, vería que en todas las etapas de su vida ha tenido momentos felices.»

«Puede suceder que se atormente a una persona por exceso de cariño.»

«El amor es un misterio divino que debe permanecer oculto a los ojos ajenos, pase lo que pase. Esto es lo mejor, lo más conveniente.»

«¿De veras no te sientes profundamente triste aquí?»

«Nunca, nunca fui testigo de una desesperación tan profunda. Lisa tenía la cara hundida en la almohada, a la que estrechaba entre sus brazos. El llanto desgarraba su pecho. Todo su joven cuerpo temblaba, convulso. Los sollozos que se amansaban en su garganta y que la ahogaban, se convertían de pronto en gritos, en ladridos. Entonces hundía aún más la cabeza en la almohada: no quería que nadie de aquella casa supiese que lloraba y sufría.»

«¡Maldito el romanticismo de los corazones puros!»

«Aún hoy, transcurridos tantos años, estos recuerdos me mortifican. ¡Hay tantas cosas que no se quisieran recordar!»

«El diario de este amante de las paradojas no termina aquí. El autor no pudo resistir la tentación de volver a empuñar la pluma. Pero nosotros creemos, como él mismo creyó, que ha llegado el momento de poner punto final.»


Fiódor Dostoyevski (Memorias del subsuelo, 1864)


¡Maldice o adora!

(Londres, 2011)
«¡Perdone! —gritará alguien—. Usted no puede protestar: dos y dos son cuatro. A la naturaleza no le preocupan las pretensiones de usted; no le preocupan sus deseos; no le importa que sus leyes no le convengan a usted. Está usted obligado a aceptarla tal como es y a aceptar todo lo que procede de ella. El muro es un muro…», etcétera. Pero ¿qué importan, Dios mío, las leyes de la naturaleza y la aritmética si, por una razón u otra, esas leyes y ese «dos y dos son cuatro» no me complacen? Evidentemente, no podré romper ese muro con la cabeza, ya que mis fuerzas no bastan para ello; pero me niego a humillarme ante ese obstáculo por la única razón de que sea un muro de piedra y yo no tenga fuerzas para calvario.
¡Como si ese muro pudiera procurarme alguna paz! ¡Como si uno pudiera reconciliarse con lo imposible por la sola razón de que se funda sobre el «dos y dos son cuatro»! ¡Es el mayor absurdo que puede concebirse!
¡Cuánto más penoso es comprenderlo todo, tener conciencia de todas las imposibilidades, de todos los muros de piedra, y no humillamos ante ninguna de esas imposibilidades, ante ninguna de esas murallas si ello nos repugna! ¡Cuánto más penoso es llegar, siguiendo las deducciones lógicas más ineludibles, a la posición más desesperante respecto a ese tema eterno de nuestra parte de responsabilidad en la muralla de piedra (aunque está claro hasta la evidencia que no tenemos nada que ver con eso), y, en consecuencia, sumergimos, en silencio pero rechinando los dientes con voluptuosidad, en la inercia, sin dejar de pensar que ni siquiera podemos rebelarnos contra nadie, porque, en suma, no tenemos enfrente a nadie! ¡Y nunca lo tendremos, porque todo es una farsa, un engaño, un galimatías! No sabemos «qué» ni «quién», pero, a pesar de todos esos engaños y de toda nuestra ignorancia, sufrimos, y tanto más cuanto menos comprendemos.

Fiódor Dostoyevski (Memorias del subsuelo, 1864)

The sound and the fury

(Mataró, 2011)
«Más allá del crepúsculo sentía el agua, la olía. Cuando la primavera florecía y llovía se olía por todas partes no se notaba tanto otras veces pero cuando llovía el olor comenzaba a entrar en casa con el crepúsculo o porque al atardecer se intensificase la lluvia o por algo que hubiera en la propia luz pero entonces era cuando el olor se tornaba más intenso hasta que ya en la cama yo pensaba cuándo acabará cuándo acabará. La corriente de aire que entraba por la puerta olía a agua, un continuo hálito de humedad. A veces yo conseguía dormirme repitiéndolo una y otra vez hasta que se mezclaba con las madreselvas todo terminó por simbolizar la noche y el desasosiego no me parecía estar despierto ni dormido mirando hacia un largo pasillo de media luz grisácea donde todas las cosas estables se habían convertido en paradójicas sombras todo cuanto yo había hecho sombras todo cuanto yo había sufrido tomando formas visibles grotescas y burlándose con su inherente irrelevancia de la significación que deberían haber afirmado pensando era yo no era yo quién no era no era quién.»


William Faulkner (El ruido y la furia, 1929)

I am breaking apart like the world.

I am Vertical

But I would rather be horizontal.
I am not a tree with my root in the soil
Sucking up minerals and motherly love
So that each March I may gleam into leaf,
Nor am I the beauty of a garden bed
Attracting my share of Ahs and spectacularly painted,
Unknowing I must soon unpetal.
Compared with me, a tree is immortal
And a flower-head not tall, but more startling,
And I want the one's longevity and the other's daring.

Tonight, in the infinitesimallight of the stars,
The trees and the flowers have been strewing their cool odors.
I walk among them, but none of them are noticing.
Sometimes I think that when I am sleeping
I must most perfectly resemble them--
Thoughts gone dim.
It is more natural to me, lying down.
Then the sky and I are in open conversation,
And I shall be useful when I lie down finally:

Then the trees may touch me for once, and the flowers have time for me.


Sylvia Plath (Crossing the water, 1970)
 
(Sky of Canary Islands, 2012)

Ha sido un sueño, una ilusión...

(Aeropuerto del Prat, 2013)
Rompí el sello. Era de ella.

«Perdone, perdóneme -me decía Nastenka-, de rodillas se lo pido, perdóneme. Le he engañado a usted y me he engañado a mí misma. Ha sido un sueño, una ilusión... ¡No puede imaginarse cómo le he echado de menos hoy! ¡Perdóneme, perdóneme! No me culpe, porque en nada he cambiado con respecto a usted. Le dije que le amaría y ya le amo, y aún le amo más de la cuenta. ¡Ay, Dios mío! ¡Si fuera posible amarles a ustedes dos a la vez! ¡Ay, si fuera usted él! ¡Ay, si él fuera usted! ¡Dios sabe lo que yo haría por usted ahora! Sé que está usted apesadumbrado y triste. Le he agraviado, pero ya sabe usted que quien ama no recuerda largo tiempo el agravio. Y usted me ama. Le agradezco, sí, le agradezco a usted ese amor. Porque ha quedado impreso en mi memoria como un dulce sueño, un sueño de esos que uno recuerda largo rato después de despertar; siempre me acordaré del momento en que usted me abrió su corazón tan fraternalmente, en que tomó en prenda el mío, destrozado, para protegerlo, abrigarlo, curarlo... Si me perdona, mi recuerdo de usted llegará a ser un sentimiento de gratitud que nunca se borrará de mi alma...Guardaré ese recuerdo, le seré fiel, no le haré traición, no traicionaré mi propio corazón; es demasiado constante.
Perdónenos, y recuerde y quiera a su Nastenka.»

Leí varias veces la carta con lágrimas en los ojos. Por fin se me escapó de las manos y me cubrí la cara. 



Fiódor Dostoyevski (Noches blancas, 1848)

Estás enamorado, ¿pero por qué estás triste?

(Barcelona, 2011)
 «Hemos olvidado esta mañana la tragedia que anoche nos elevara tan alto que considerábamos nuestra vida en su conjunto y en su realidad con una compasión clarividente y sincera.»

«Su verdadera belleza estuvo quizás en mi deseo. Ella vivió su vida, pero yo soy quizás el único que la haya soñado.»

«El viento, en medio de ese quebrar de sueños, de esos restos de dichas marchitas, ha sembrado la buena semilla bajo una lluvia de lágrimas, pero se secará demasiado pronto para poder germinar.»

«Las flores tardías que la alegría floreció en mi corazón, que creía estéril para siempre, trajeron frutos.»

«El amor se apagó, tengo miedo en el umbral del olvido; pero, apaciguados, un poco pálidos, muy cerca de mí y sin embargo lejanos y ya esfumados, he aquí, como a la luz de la luna, todas mis dichas pasadas y todos mis pesares curados que me miran y se callan. Su silencio me enternece mientras que su alejamiento, su indecisa palidez me embriagan de tristeza y de poesía. Y no puedo dejar de contemplar ese claro de luna interior.»

«La inútil dulzura de las lilas tiene una infinita tristeza.»

«Entonces, la inmortalidad del mundo que hasta entonces la dejara indiferente, hizo proesa de ella y la hirió cruelmente, como la dureza de las estaciones derriba los cuerpos que la enfermedad deja incapaces de lucha.»

Marcel Proust (Los placeres y los días, 1896)

Cantora nocturna


Joe, macht die Musik von damals nacht...

«La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz correo la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta.»

(Barcelona, 2011)

 Alejandra Pizarnik (Extracción de la piedra de la locura, 1968)

«Las palabras te encantan.»


Modelo: Dess Álvarez (Mataró, 2013)
 «No puedo impedirme escribir. No puedo. Y esta historia, cuando la escribo, es como si te recuperara…como si recuperara los momentos en que aún no se lo que sucede, ni lo que sucederá…ni quién eres, ni qué será de nosotros…Por los ojos pasa la astucia, el miedo y, a lo lejos, el goce loco de vivir.»

«Repetí lo que te había dicho, que iba a escribir la historia que habíamos vivido juntos, aquella que aún estaba ahí y no acababa de morir.»

«—Me parece que cuando la historia esté en un libro será cuando ya no haga sufrir…cuando no sea ya nada. Quedará borrado. Descubro esto con esta historia que tengo contigo: escribir es también eso, sin duda, es borrar. Sustituir.»

«—¿Por qué escribir esta historia?
—De lo contrario no tengo nada que escribir. Creo que nuestra historia me impide escribir otra cosa. 
Pero no es verdad. Nuestra historia no estará en ningún sitio, nunca estará realmente escrita. Me preguntas si este es el destino de ciertas historias. No lo sé. No entiendo bien lo que quieres saber de mí. Digo lo que sé, que determinadas historias son inasibles, que están constituidas por estados sucesivos sin nexo entre sí. Que son las historias más terribles, las que nunca se confiesan, las que se viven sin certeza ninguna, nunca. Bajamos los ojos. Tal vez lloraríamos si nos mirásemos.»

«—No escribas más.
—Cuando escribo, ya no te quiero.»

«No podíamos mentir en ningún punto respecto a aquel sentimiento que nos había unido y nos unía aún sin duda, pero del que ya nunca hablábamos. No sabíamos de qué estaba formando ahora, de qué clase era. No queríamos saberlo. Me dejaste callar mucho rato, a pesar de tu deseo de saber por qué me callaba.»

«Tú ya no me querías en aquella época. Sin duda no me habías querido nunca. Pensabas abandonarme. Y yo andaba ya metida en aquel proyecto del que te había hablado aquel día, el de escribir esta historia, impedida aún por su absoluta presencia debido al amor que te profesaba todavía, pero de todos modos, orientada ya en aquella dirección, la de hacerlo un día. Y tú, que lo sabías todo de este proyecto y de este sentimiento, nunca me hablabas de ello.»

«—Uno se pregunta si la irrealidad de su presencia procede del vacío que acompaña al viaje, del único defecto de esta perfección, el viaje.» 

Marguerite Duras (Emily L., 1987)

XV


Danzante débil que por las esquinas
Adelanta su angosto pecho
Se fatiga está una madriguera
La noche le lame las vértebras
La tierra muerde su destino
Yo estoy sobre el tejado
Tú no llegarás nunca.

(Paul Éluard)

Londres, 2011

Arruga junto a los ojos o pliegue junto a los labios

La niña de los caros andares quería conocer al cantante, nada más.
La niña de la calle del arte quería conocer al cantante, y así fue.
(click) 
Malgrat de Mar (2011)
 

Nuestra hecatombe

El encanto de Barcelona a las siete de la mañana
 El infatigable silencio sostenido que acaricia mis parpados se desvanece en tus cosquillas mientras estalla el sol. Mis pies descalzos rozan el frío suelo, bailo sobre las baldosas, empapadas por la humedad que desprende tu sexo. Resuenan los alaridos de la noche anterior y las impías paredes piden clemencia. Tus ojos oscuros me buscan entre las sábanas. Tu piel y la mía no son suficientes para que nos podamos amar como realmente sentimos. Rozamos la entelequia mientras estalla la chispa en tus pupilas. Incendias mis vértebras y me fundo en una vorágine que exorna nuestras ganas. Sin pausas. Te desgarro a mordiscos. Clavo mis uñas en tu torso desnudo. Me sientes y te siento y todo lo demás son paralipómenos.
Hay grietas en el techo por donde se filtra la angustia que un día olvidamos en un banco. Intenta volver pero se lo impedimos. La lucha se cierne en nuestra pequeña esfera azul. Con tu mirada desenredas mi inseguridad. Y volamos alto sin irnos lejos. Me comes a besos y sonríes, sonríes y me amas y yo me pierdo a un ritmo agigantado, entre tus pálpitos acelerados y tus pacientes manos. Los rayos de luz ya no entran por la ventana porque están intimidados por la locura y la belleza de esos ojos tuyos. Me agarro a tu pelo y me tocas el cuerpo. Y sin saber ni cómo, ni cuándo, ni porqué, llega nuestra hecatombe de gritos desaforados.
Brenda Alén  
26/04/2013

Aforismos

Huyo. Me escapo.
Tu mirada me asusta,
tu piel me acelera.
Te busco en los vértices,
te pierdo en la espera.
 
 
 
 
 
 
  
Mañanas de sábado con palabras y fotografías surgidas de mis dedos.
(Os presento a mi bella hermana.)